Hipótesis: Los casos más frecuentes de violencia sexual
son ejercidos sobre niños (la pedofilia y
el abuso sexual intrafamiliar) y la violación de mujeres.
El delincuente sexual lo puede ser en exclusiva (sobre
todo en el caso de los pedófilos), pero también puede ir acompañado de otros
perfiles delictivos, tal es el caso de robos,
agresiones, maltrato físico, etc.
El agresor sexual no es necesariamente un desconocido
para la víctima; en ocasiones es, precisamente, su cercanía cotidiana a la
misma la que le ha facilitado un determinado grado de confianza que ha derivado
en la imposición de una determinada relación.
En países con estadísticas fiables al respecto, las
agresiones sexuales constituyen un porcentaje relativamente bajo de la
violencia denunciada. No obstante, el carácter intrínseco de la violencia
sexual sugiere la posibilidad de una violencia encubierta debido a actitudes
de vergüenza o
de temor a represalias por parte de la víctima.
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